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Curioso y sorprendente, 6 curiosidades curiosas sobre los elefantes de guerra

El elefante, como todo el mundo sabe, es un animalito enorme, sumamente fuerte y, llegado el caso, con bastante mala leche. En los tiempos antiguos, cuando en Europa no se sabía ni que existían esos paquidermos, el terror que inspiraban cuando los ejércitos los veían por vez primera debía ser parecida al que sentiría un guerrero medieval a la vista de un carro de combate moderno. A los romanos se les encogió violentamente el ombligo cuando vieron ante sí los elefantes de guerra de los cartagineses, y hasta a los fieros macedonios que seguían a Alejandro hasta los confines del mundo sintieron como los testículos les trepaban velozmente a la garganta cuando los elefantes del monarca Poro, allá en la India, les hicieron frente. Porque, como cabe suponer, el elefante no le teme a nada, y sus trompazos eran suficiente para mandar a realizar puñetas a todo aquel que estuviera cerca de la peculiar nariz de estos bichos. Su eficacia debía ser notable ya que inclusive los romanos organizaron unidades de elefantes de guerra, y si los romanos los adoptaron por algo sería. Bueno, veamos determinadas curiosidades curiosas sobre el apariencia bélico de estos bichos: Elefante indio degustando el aperitivo de mediodía Curiosidad 1: Aunque se piense lo contrario, los elefantes preferidos para la guerra eran los indios ya que su carácter era más combativo y valeroso que sus congéneres africanos. Conviene explicar que los elefantes africanos conocidos en aquellos tiempos eran una variedad de bosque, más pequeños que los de sabana. La altura de un elefante indio llegaba a los 3 metros, entretanto que sus parientes africanos apenas alcanzaban los 2,5 metros. En cuanto a su poderío físico basta señalar que podían transportar con la trompa nada menos que 500 kilos, o sea, lo que pesa un toro de lidia bien hermoso. Ya podemos imaginar lo que supondría un trompazo de uno de estos adorables animalitos cuando estaban cabreados. Curiosa ilustración del Speculum Humanæ Salvationis en la que vemos el peculiar concepto que se tenía en la Edad Media de estos animales Curiosidad 2: Como es evidente, un elefante come una bestialidad. Unos 200 kilos de forraje al día son precisos para tenerlos contentitos. De ahí que no fuesen capturados para ser adiestrados hasta que no se les calculaba una edad de 20 años, ya que más jóvenes eran aún inservibles y, obviamente, mantener a un bicho así era bastante caro como para tenerlo sin realizar nada. La edad óptima y a la que se obtenía mejor rendimiento de estos animales era alrededor de los 40 años, cuando alcanzaban su plenitud física y todo su poder. Una vez capturados, se les dejaba atados junto a otros elefantes ya domesticados para que fueran perdiendo la agresividad. Cuando permitían que un tio se aupara sobre su lomo ya se le daba por amansado. Por cierto que los elefantes de sabana jamás fueron usados para la guerra ya que eran y son indomables. Legionarios romanos bastante preocupados ante la inquietante presencia de los elefantes de Aníbal Curiosidad 3: Una de las ventajas que ofrecía el uso de los elefantes radicaba en que no solo los tíos les tenía pánico, sino que los caballos también les inspiraban un miedo atroz, por lo que la caballería que tenía que enfrentarse contra los paquidermos solía salir echando leches del tema de batalla por mucho que sus jinetes se empeñaran en hacerles combatir, si bien me temo que dichos jinetes no se esforzaban demasiado ya que tenían la excusa perfecta para largarse de allí: " Lo siento, jefe, el caballo es un cobardica. Mándelo ejecutar por cagueta Cota de placas para un elefante de guerra indio Curiosidad 4: A fin de protegerlos y, a la par, convertirlos en verdaderas armas ofensivas, se les proveía de corazas a fundamento de láminas metálicas o bien de enormes coberturas acolchadas a modo de gigantescos perpuntes, testeras y grebas, en las cuales se podían fijar enormes petos. Para lo segundo, las testeras llevaban cuernos metálicos, y en las trompas les colocaban cadenas con bolas o argollas para que al agitarlas se convirtieran en descomunales manguales. En cuanto a los colmillos, se cubrían con unas puntiagudas fundas de hierro o bronce que los convertían en terroríficas armas capaces de clavar, demoler o alzar cualquier cosa que se pusiera en su camino. Dos naracas. La de bajo es especialmente efectiva para cortar vasos sanguíneos y producir masivos hemorragias Curiosidad 5: Era bastante complicado abatir a estas fieras. Las saetas convencionales prácticamente no les hacían efecto, y se tiene constancia de elefantes que sobrevivieron con más de 80 proyectiles clavados en el cuerpo. Así pues, algunos ejércitos adiestraban tropas específicamente para luchar contra los elefantes, usando armas muy contundentes como hachas o masivos machetes para intentar cortarles los tendones de las patas o las trompas. Incluso se diseñaron armas específicas contra ellos, como la naraca, una saeta creada por los hindúes y fabricada enteramente de hierro a la que se le permitía enlazar una carga incendiaria que, al introducirse en el cuerpo, era bastante efectiva. Otro método para, sino matarlos al menos espantarlos, era lanzar ante ellos vasijas de barro llenas de brea ardiendo que, al romperse, esparcían el pegajoso líquido en todas direcciones. El monarca Pirro, inventor de las triunfos pírricas Curiosidad 6: Lo que más irritaba a un elefante de guerra, aunque parezca un tanto ridículo, es el chillido que dan los gorrinos cuando sienten dolor o miedo. En dos batallas fueseseron usados con tal fin. Una de ellas fuesese en la batalla de Maleventum, en la que se enfrentaron los romanos contra las tropas de Épiro al mando del monarca Pirro. La otra fuesese en Megara, cuyos moradores pusieron en fuga a los elefantes de Antípatro. En ambos casos y para que berrearan a fundamento de bien se les untó con alquitrán y se les prendió fuesesego, por lo que los desdichados gorrinos dieron tales alaridos que los elefantes dieron media vuelta y se pusieron en fuga. Idéntico es que eran muy sensibles y no soportaban observar tal crueldad, quien sabe... Bueno, con esto termino por hoy. Hale, he dicho...
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