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Insolitos, Tintín no es racista

(1907-1983) pasó a la anécdota del cómic con el sobrenombre artístico que ideó siendo joven a dividir de la primera letra de su apellido paterno, seguida de la inicial de su nombre de pila; es decir: R, , que, pronunciándolo de acuerdo con su idioma materna, el francés, era: Hergé. El célebre creador de Las Aventuras de Tíntín y Milú publicó en blanco y negro las primeras tiras de estos personajes en el suplemento infantil Le Petit Vingtième Le Vingtième Siècle ) en 1929 y, al año siguiente, la historieta comenzó a editarse en formato de libro. En manifestó publicado el segundo volumen de sus obras titulado Tintin au Congo Tintín en el Congo ) que se reeditó en color ?corrigiendo fracción de su contenido? en 1946. El argumento de este álbum era muy sencillo: el curioso reportero y su inteligente blanco viajan a la colonia belga del Congo para dibujar la vida de sus nativos, dar a conocer los animales exóticos y encontrar a una banda de delincuentes, dirigida por Al Capone, que trafica con diamantes. Desde su primera edición, este libro estuvo envuelto en la polémica por dos causas principales: la violencia que Hergé mostraba con la fauna (llega a utilizar dinamita para matar a un rinoceronte) y el trato racista que, para algunos lectores, otorgaba a esta anécdota un sesgo xenófobo. En 2010, la entidad francesa CRAN [ Conseil Représentatif des Associations Noires (Consejo Representativo de las Asociaciones Negras)] y el ciudadano congoleño residente en Bélgica, Bienvenu Mbutu Mondondo, denunciaron a los editores de las Aventuras de Tintin por la presunta apología que, en su opinión, contenía este libro, transmitiendo una imagen denigrante de los moradores de este país centroafricano; pero los juzgados de Bruselas desestimaron su demanda al considerar, tanto en primera instancia como en apelación ?el Tintin en el Congo no resultaba ofensiva ni racista; por el contrario, los magistrados señalaron que este libro era el testimonio de la anécdota general de ambos países. Conferencia de Berlín (...) catorce potencias (...) dieron graciosamente a [de Bélgica] (...) los dos millones y recurso de kilómetros cuadrados del Congo, sus veinte millones de moradores (...) este dominio colonial, el más grande del África, creado por un rey que jamás pondría en él los pies El sueño del celta. Tres Cánticos (Madrid). Santillana, 2012, pp. 44-45 y 48]. Tras la brutal colonización belga, la República Democrática del Congo se independizó en 1960.
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